
Foto: Zarateman / Wikimedia Commons, dominio público (CC0)
Las casas blasonadas de Agurain y los escudos de los linajes hidalgos
Las casas blasonadas de Agurain y los escudos de los linajes que las levantaron se concentran entre las calles Zapatari, Carnicería y Mayor, en uno de los conjuntos de arquitectura civil mejor conservados de la Llanada Alavesa. Cuatro apellidos (Uriarte, Azcárraga, Begoña y Bustamante) dan nombre a otras tantas casonas que todavía hoy lucen sus escudos de piedra sobre la fachada, testimonio de las familias hidalgas que gobernaron la villa tras la concesión del fuero de 1256.
Conviene explicar primero qué significaba tener «casa y escudo» en una villa como Salvatierra. Tras la disolución de la Cofradía de Arriaga en 1332 (la antigua liga de linajes nobles que dominaba colectivamente la Llanada), buena parte de la pequeña nobleza alavesa (infanzones e hidalgos) pasó a integrarse en el entramado municipal de las villas de realengo, conservando su estatus privilegiado a cambio de reconocer la autoridad del rey. Levantar una casa con escudo en la calle principal de una villa fortificada como Agurain no era solo una cuestión estética: era la forma en que estas familias hacían visible, en piedra, su condición de hidalgos y su papel en el gobierno concejil. Eso es lo que cuentan, en el fondo, las casas blasonadas de Agurain y los escudos de los linajes que las coronan.
Casa de Uriarte
En la calle Zapatari se levanta la Casa de Uriarte, cuya fachada rompe con la sobriedad habitual de la arquitectura civil de la villa gracias a un llamativo juego de columnas adosadas (dos flanqueando la puerta principal y otras dos en los ángulos del muro), una solución que no se repite en ningún otro edificio de Agurain. El escudo de armas de los Uriarte, situado sobre el dintel, se cuenta entre los más sobrios de cuantos se conservan en la villa: un blasón limpio, sin apenas ornamentación añadida, que contrasta con la exuberancia decorativa de otras casonas cercanas.
Casa de Azcárraga
A pocos pasos de la iglesia fortaleza de Santa María se alza la Casa de Azcárraga, un edificio señorial de varias plantas en piedra caliza clara, con un balcón de esquina orientado hacia la confluencia de la calle Mayor con la plaza de la iglesia y una serie de arcos que iluminan el interior. La tradición local sitúa su fundación a finales del siglo XVI, de la mano de Diego García Lezo, y la ampliación de su ala sur ya en el siglo XVII. La documentación conservada sobre la casa, sin embargo, no siempre resulta uniforme: distintas fuentes archivísticas atribuyen los escudos de sus dos fases constructivas a ramas familiares emparentadas (ligadas a los linajes Zuazo y Eulate, habituales en los libros de hidalguía alavesa de la época) que con el tiempo terminaron identificándose bajo el nombre popular de «los Azcárraga». Es un rasgo común en la heráldica de las casas rurales alavesas: los apellidos que dan nombre a un edificio no siempre coinciden con los que figuran, generación tras generación, en los propios blasones. Sobre su fachada destaca además una hiedra que, según quienes conocen bien la villa, cubre de rojo intenso el escudo y los balcones cada otoño, salvo el balcón de esquina.
Casa de Begoña
También en la calle Mayor, y compartiendo con la Casa de Azcárraga un detalle arquitectónico en la bisagra de su puerta principal que las señala como «casas gemelas», se encuentra la Casa de Begoña. Su galería acristalada, orientada a un jardín con tejos centenarios, y su balcón de hierro forjado la convierten en una de las estampas más reconocibles de la villa. El escudo de armas que corona su fachada representa una escena de fuerte simbolismo nobiliario (un águila abatiéndose sobre un ciervo), una composición heráldica que buscaba comunicar, sin necesidad de palabras, la supremacía del linaje fundador sobre su entorno, un lenguaje visual muy propio de la nobleza rural de los siglos XVI y XVII.
Casa Bustamante
En el número 8 de la calle Zapatari se conserva la Casa Bustamante, cuya piedra pálida dialoga con el resto de fachadas de la kalea. La documentación local es aquí más precisa que en otras casas de la villa: el edificio fue mandado construir hacia 1580 por el matrimonio formado por Juan Martínez de Zumalburu, escribano, y María Sáez de Vicuña, y su escudo (que combina las armas de ambos linajes, Zumalburu y Vicuña) recuerda esa unión familiar sobre la propia fachada, una práctica habitual en la heráldica matrimonial de la época.
Lo que no cuentan las casas blasonadas de Agurain y los escudos de los linajes
Frente a la relativa abundancia de estudios sobre las murallas o el fuero de la villa, la documentación heráldica pormenorizada de las casas blasonadas de Agurain y los escudos de los linajes (libros de armería completos, genealogías detalladas de cada rama familiar, actas notariales de construcción) resulta bastante más escasa y dispersa entre archivos locales, protocolos notariales y colecciones privadas. Lo que sí puede afirmarse con seguridad es el papel colectivo que cumplieron: convertidas en símbolo permanente del régimen de hidalguía que heredó Agurain tras la disolución de la Cofradía de Arriaga, estas fachadas blasonadas siguen siendo, siglos después, el testimonio más tangible de cómo una pequeña villa fortificada de la Llanada llegó a albergar una nobleza local con casa, apellido y escudo propios.
Fuentes
- Gobierno Vasco, ruta cultural «La Llanada oriental»: la construcción de las casas señoriales con escudo armero tras el incendio de 1564, con mención expresa de la Casa de los Begoña, la Casa Azcárraga y el palacio Uriarte.
- Turismo Euskadi, Conjunto Histórico Artístico de Salvatierra: las tres calles del casco histórico y los edificios civiles que lo componen, entre ellos la Casa Bustamante y la Casa Azkarraga.
- Ondarea, Sistema de Información del Patrimonio Cultural Vasco: Casa Azkarraga: descripción del edificio exento, su planta y sus alturas.
- Ondarea: palacio Bustamante: la casona de la calle Zapatari y su volumen compacto de planta cuadrangular.


