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Agurain/Salvatierra · Llanada Alavesa · Álava42°51′N · 2°23′O

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Ilustración de una carta puebla medieval con sello real

El fuero de Salvatierra de 1256 y Alfonso X el Sabio

Unai Aguirre4 min de lecturaHistoria

El 23 de enero de 1256, el rey Alfonso X el Sabio firmó el documento que cambiaría para siempre el destino de la pequeña aldea de Hagurahin. La carta puebla otorgada aquel día no solo le dio un nombre nuevo (Salvatierra), sino que la elevó a la categoría de villa y le concedió el fuero de Vitoria, con todos los privilegios, obligaciones y forma de gobierno que ese régimen legal implicaba. El propio texto de la carta, conservado y citado por historiadores, comienza con una fórmula que resume el cambio de identidad de la villa: «yo puse nonbre Salvatierra, que ante avíe nonbre Hagurahin». Aquel texto es el que la historiografía conoce hoy como el fuero de Salvatierra de 1256 de Alfonso X.

El fuero de Salvatierra de 1256 y Alfonso X: una pieza de un plan mayor

La concesión del fuero a Salvatierra no fue un gesto aislado. Se enmarca en una estrategia de fundación de villas fronterizas que Alfonso X desplegó en la década de 1250 y 1260 en respuesta a la tensión con el reino de Navarra, agravada por los primeros roces del reinado de Teobaldo II a partir de 1253. En apenas unos años, la corona castellana fue tejiendo lo que los historiadores han descrito como un auténtico «rosario defensivo» de nuevas villas al norte de la frontera: además de Salvatierra, se fundaron o reforzaron Peñacerrada, Santa Cruz de Campezo, Corres, Contrasta, Segura, Villafranca de Ordizia y Tolosa. Cada una de estas villas cumplía una función de control territorial y de defensa, y Salvatierra, situada en un punto elevado de la Llanada Alavesa, era una pieza clave de ese cinturón.

Por qué Vitoria y no otro fuero

Alfonso X no inventó un derecho nuevo para Salvatierra: le otorgó el fuero de Vitoria, que a su vez derivaba del ya consolidado fuero de Logroño. Se trataba de un modelo de derecho municipal probado, pensado para atraer población a villas de nueva planta mediante privilegios concretos. Entre ellos destacan dos: el derecho a celebrar mercado semanal (los martes, calcado del modelo de Vitoria y que, sorprendentemente, sigue vivo hoy en la villa siglos después) y la exención del pago de portazgo en todo el territorio castellano, un incentivo directo al tránsito de mercancías y personas por Salvatierra.

El rey también se reservó un derecho relevante: el patronazgo real sobre todas las iglesias parroquiales de la villa y su término, una forma de asegurar que la nueva población quedara bajo control directo de la corona y no cayera bajo la órbita de otros poderes eclesiásticos o señoriales de la región.

«Porque se pueble mejor e çerquen la villa»

El texto foral no se limitaba a enumerar privilegios abstractos: insistía explícitamente en la necesidad de poblar y amurallar la villa. La expresión recogida en la documentación de la época, «porque se pueble meior e çerquen la villa», resume el objetivo militar y demográfico que perseguía el rey. La posición elevada de Salvatierra sobre la Llanada, unida a la orden real de fortificación, explica que apenas unos años después de la concesión del fuero (hacia 1259, según la documentación conservada) comenzara la construcción de la muralla de piedra que hoy sigue marcando el perímetro del casco histórico, y que dos de sus edificios religiosos, las iglesias de Santa María y San Juan, se construyeran con un marcado carácter defensivo, flanqueando dos de los principales accesos a la villa.

Un segundo enclave real frente a la nobleza alavesa

El fuero de Salvatierra de 1256 de Alfonso X tuvo también una lectura política de fondo. Junto con Vitoria, Salvatierra pasó a funcionar como un segundo enclave de realengo dentro de lo que los historiadores llaman «Álava nuclear», el territorio dominado colectivamente por la nobleza local agrupada en la Cofradía de Arriaga. La presencia de dos villas de fuero real vigilando ese territorio nobiliario no era casual: formaba parte de la estrategia castellana para ir incorporando progresivamente aldeas y jurisdicciones a la órbita real. De hecho, entre 1256 y los años inmediatamente posteriores, varias aldeas cercanas (Alangua, Arrizala, Eguileor, Opacua, Ula, Sallurtegui y Lequedana) quedaron incorporadas a la jurisdicción de la nueva villa. Esa dinámica de villas reales frente a señoríos nobiliarios continuaría durante décadas, hasta que en 1332 la propia Cofradía de Arriaga optó por autodisolverse e integrar el territorio alavés en el dominio real, a cambio de que la corona reconociera el estatus privilegiado de sus hidalgos.

Un privilegio con historia propia

El fuero de Salvatierra de 1256 y Alfonso X no marcaron solo un punto de partida simbólico: fijaron el estatuto legal de Salvatierra durante siglos, y su memoria se invocó una y otra vez en los pleitos posteriores de la villa, especialmente cuando en 1384 el rey Juan I rompió la promesa de no enajenar nunca Salvatierra del patrimonio real y la donó al canciller Pedro López de Ayala. Los sucesivos concejos de la villa recurrieron durante generaciones a los términos originales de la carta puebla de Alfonso X para defender su condición de villa de realengo, un litigio que no se cerraría de forma definitiva hasta la reincorporación de Salvatierra a la corona en 1521. Setecientos años después, aquel documento firmado un día de enero sigue siendo la referencia obligada para entender cómo una aldea de nombre vascónico se convirtió en una de las villas más importantes de la Llanada Alavesa.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Quién otorgó el fuero de Salvatierra y cuándo?

El rey Alfonso X el Sabio, el 23 de enero de 1256.

¿Qué fuero recibió Salvatierra?

El fuero de Vitoria, con sus mismos privilegios, obligaciones y forma de gobierno.

¿Por qué fundó Alfonso X esta villa?

Como parte de un cinturón de villas fronterizas frente al reino de Navarra, junto a Peñacerrada, Santa Cruz de Campezo y otras.

¿Qué cambió el fuero en la aldea de Hagurahin?

La elevó a la categoría de villa, le dio el nuevo nombre de Salvatierra y le concedió un régimen legal propio.