
El carnaval de Markitos en Zalduondo, la tradición más viva
El carnaval de Markitos en Zalduondo, la tradición más viva
De todas las celebraciones que siguen en pie en la Cuadrilla de Salvatierra/Agurain, ninguna se fotografía tanto como el carnaval de Zalduondo. Cada Domingo de Carnaval, el municipio más pequeño de la comarca (un solo pueblo, apenas doscientos habitantes) se llena de gente venida de toda la Llanada para asistir al paseo, el juicio y la quema de Markitos, un muñeco que carga con todos los males del año.
Quién es Markitos
Markitos, escrito también Marquitos, no es un personaje simpático. La Auñamendi Eusko Entziklopedia lo describe como un bandolero, autor y responsable de todas las desgracias sufridas por los vecinos de Zalduondo durante el año. Se le viste con chaqueta gris, pantalón negro y txapela, y se le cuelga al cuello un collar de cáscaras de huevo pintadas. Así vestido, montado en un burro, recorre el pueblo entero mientras la comitiva lo somete al escarnio público, igual que antaño se paseaba a los reos.
La comitiva importa tanto como el reo. Junto a Markitos desfilan el predicador, los ceniceros que reparten ceniza entre el público, los porreros, el oso y su domador, los pastores, las ovejas y la vieja. Frente al palacio Lazarraga, el muñeco es bajado del burro y empalado entre los abucheos del gentío, y allí queda expuesto hasta la tarde.
El juicio, el sermón y la hoguera
El acto central llega después de comer. El juicio de Markitos es público y su protagonista no es el acusado, sino el predicador, que lee en voz alta un sermón donde se detallan, una a una, las fechorías cometidas a lo largo del año contra los vecinos y sus intereses. Markitos nunca ha sido indultado. Leída la sentencia, se le prende fuego en una hoguera ante los habitantes de Zalduondo y de los pueblos del entorno.
La quema tiene una función precisa: al arder el muñeco arden con él los conflictos entre vecinos, en un proceso de catarsis que la propia enciclopedia describe en términos de expiación. El sermón, por su parte, ha ido cambiando de escala. Lo que empezó siendo un repaso a los incidentes menores del pueblo se ha abierto con los años a la actualidad de fuera, sin perder el tono. La ceremonia es civil, no religiosa, pero su lenguaje y su estructura (la acusación, el sermón, la condena) están calcados de la liturgia católica.
Un carnaval con papeles
Conviene subrayarlo, porque no siempre se dice: el carnaval de Zalduondo no es una recreación inventada en el siglo XX. Está documentado en los archivos. En 1739, los vecinos del pueblo pleitearon contra su propio alcalde por haberles impedido celebrar las carnestolendas, alegando que las venían celebrando «de tiempo inmemorial» con música de tamboril el domingo y el martes de carnaval. Se conserva además un sermón contra Markitos fechado en 1897, rescatado en los años veinte por el zalduondarra Blas Arratibel, a quien recuerda hoy una escultura junto al palacio.
Cuarenta años de silencio
La guerra de 1936 cortó la tradición en seco y el carnaval permaneció apagado durante casi cuatro décadas. Se recuperó en 1975, en Domingo de Carnaval, por empeño de los propios vecinos y con el apoyo del trabajo de campo de varios etnógrafos que habían reunido datos sobre cómo se celebraba antes de la guerra: el propio Blas Arratibel, Martiniano Martínez de Ordoñana y Joaquín Jiménez. Juan Garmendia Larrañaga, uno de los etnógrafos vascos que más atención prestó a los carnavales rurales, dedicó más tarde un volumen entero a aquella resurrección, «Zalduendoko Markitosen berpiztea», publicado en 2007. Medio siglo después de su vuelta, el carnaval sigue celebrándose cada año sin interrupción.
Cómo seguirle el rastro el resto del año
Markitos arde una sola tarde al año, pero su rastro puede seguirse en cualquier fecha. El palacio Lazarraga-Amezaga, el edificio renacentista del siglo XVI que preside Zalduondo, alberga el museo etnográfico del municipio, y una parte de su exposición permanente está dedicada al carnaval rural alavés: trajes, máscaras y los personajes de varias de estas celebraciones, con Markitos en el centro. El museo abre los domingos y festivos por la mañana y concierta visitas de grupo por teléfono, de modo que conviene confirmar el horario antes de acudir, porque cambia según la temporada.
Zalduondo tampoco es un caso aislado dentro de la comarca. En Asparrena, a pocos kilómetros, los pueblos de Ilarduia, Egino y Andoin comparten otro carnaval de la misma familia: allí el chivo expiatorio es el Hombre de Paja, que viaja en burro de Ilarduia a Egino y en carro de Egino a Andoin, donde se le condena y se le quema mientras la gente baila alrededor del fuego. Dos municipios vecinos, dos muñecos y una sola idea: que algo cargue con lo malo del año y se lo lleve al arder.
Fuentes
- Auñamendi Eusko Entziklopedia, voz «Marquitos»: el personaje, la comitiva, el juicio público, el sermón del predicador y la función catártica de la hoguera.
- Turismo Euskadi, «Descubre el carnaval en Álava»: el desfile del Domingo de Carnaval y la quema del muñeco ante los vecinos de Zalduondo y la comarca.
- Álava Medieval, «Pistas documentales sobre el carnaval rural en Álava»: el pleito de 1739 contra el alcalde de Zalduondo, el sermón de 1897 y su rescate por Blas Arratibel.
- Eusko Ikaskuntza, Juan Garmendia Larrañaga, «Zalduendoko Markitosen berpiztea» (2007): la recuperación de la tradición y la descripción del recorrido con el burro, el cenicero, la vieja y las ovejas.
- Euskal Memoria Digitala, registro gráfico del carnaval de Zalduondo (10 de febrero de 1991): secuencia documentada del proceso de Markitos: empalamiento, paseo, sermón, juicio y condena a la hoguera.


