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El muñeco de Markitos paseado sobre un burro por las calles de Zalduondo durante el carnaval

El carnaval de Markitos en Zalduondo, la tradición más viva

Unai Aguirre5 min de lecturaMunicipios

El carnaval de Markitos en Zalduondo, la tradición más viva

De todas las celebraciones que siguen en pie en la Cuadrilla de Salvatierra/Agurain, ninguna se fotografía tanto como el carnaval de Zalduondo. Cada Domingo de Carnaval, el municipio más pequeño de la comarca (un solo pueblo, apenas doscientos habitantes) se llena de gente venida de toda la Llanada para asistir al paseo, el juicio y la quema de Markitos, un muñeco que carga con todos los males del año.

Quién es Markitos

Markitos, escrito también Marquitos, no es un personaje simpático. La Auñamendi Eusko Entziklopedia lo describe como un bandolero, autor y responsable de todas las desgracias sufridas por los vecinos de Zalduondo durante el año. Se le viste con chaqueta gris, pantalón negro y txapela, y se le cuelga al cuello un collar de cáscaras de huevo pintadas. Así vestido, montado en un burro, recorre el pueblo entero mientras la comitiva lo somete al escarnio público, igual que antaño se paseaba a los reos.

La comitiva importa tanto como el reo. Junto a Markitos desfilan el predicador, los ceniceros que reparten ceniza entre el público, los porreros, el oso y su domador, los pastores, las ovejas y la vieja. Frente al palacio Lazarraga, el muñeco es bajado del burro y empalado entre los abucheos del gentío, y allí queda expuesto hasta la tarde.

El juicio, el sermón y la hoguera

El acto central llega después de comer. El juicio de Markitos es público y su protagonista no es el acusado, sino el predicador, que lee en voz alta un sermón donde se detallan, una a una, las fechorías cometidas a lo largo del año contra los vecinos y sus intereses. Markitos nunca ha sido indultado. Leída la sentencia, se le prende fuego en una hoguera ante los habitantes de Zalduondo y de los pueblos del entorno.

La quema tiene una función precisa: al arder el muñeco arden con él los conflictos entre vecinos, en un proceso de catarsis que la propia enciclopedia describe en términos de expiación. El sermón, por su parte, ha ido cambiando de escala. Lo que empezó siendo un repaso a los incidentes menores del pueblo se ha abierto con los años a la actualidad de fuera, sin perder el tono. La ceremonia es civil, no religiosa, pero su lenguaje y su estructura (la acusación, el sermón, la condena) están calcados de la liturgia católica.

Un carnaval con papeles

Conviene subrayarlo, porque no siempre se dice: el carnaval de Zalduondo no es una recreación inventada en el siglo XX. Está documentado en los archivos. En 1739, los vecinos del pueblo pleitearon contra su propio alcalde por haberles impedido celebrar las carnestolendas, alegando que las venían celebrando «de tiempo inmemorial» con música de tamboril el domingo y el martes de carnaval. Se conserva además un sermón contra Markitos fechado en 1897, rescatado en los años veinte por el zalduondarra Blas Arratibel, a quien recuerda hoy una escultura junto al palacio.

Cuarenta años de silencio

La guerra de 1936 cortó la tradición en seco y el carnaval permaneció apagado durante casi cuatro décadas. Se recuperó en 1975, en Domingo de Carnaval, por empeño de los propios vecinos y con el apoyo del trabajo de campo de varios etnógrafos que habían reunido datos sobre cómo se celebraba antes de la guerra: el propio Blas Arratibel, Martiniano Martínez de Ordoñana y Joaquín Jiménez. Juan Garmendia Larrañaga, uno de los etnógrafos vascos que más atención prestó a los carnavales rurales, dedicó más tarde un volumen entero a aquella resurrección, «Zalduendoko Markitosen berpiztea», publicado en 2007. Medio siglo después de su vuelta, el carnaval sigue celebrándose cada año sin interrupción.

Cómo seguirle el rastro el resto del año

Markitos arde una sola tarde al año, pero su rastro puede seguirse en cualquier fecha. El palacio Lazarraga-Amezaga, el edificio renacentista del siglo XVI que preside Zalduondo, alberga el museo etnográfico del municipio, y una parte de su exposición permanente está dedicada al carnaval rural alavés: trajes, máscaras y los personajes de varias de estas celebraciones, con Markitos en el centro. El museo abre los domingos y festivos por la mañana y concierta visitas de grupo por teléfono, de modo que conviene confirmar el horario antes de acudir, porque cambia según la temporada.

Zalduondo tampoco es un caso aislado dentro de la comarca. En Asparrena, a pocos kilómetros, los pueblos de Ilarduia, Egino y Andoin comparten otro carnaval de la misma familia: allí el chivo expiatorio es el Hombre de Paja, que viaja en burro de Ilarduia a Egino y en carro de Egino a Andoin, donde se le condena y se le quema mientras la gente baila alrededor del fuego. Dos municipios vecinos, dos muñecos y una sola idea: que algo cargue con lo malo del año y se lo lleve al arder.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se celebra el carnaval de Zalduondo?

El Domingo de Carnaval. El paseo de Markitos ocupa la mañana y el juicio y la quema se celebran por la tarde.

¿Qué representa Markitos?

Un bandolero al que se considera autor y responsable de todos los males y desgracias sufridos por los vecinos durante el año. Al quemarlo se expían simbólicamente esos conflictos.

¿Desde cuándo está documentado el carnaval de Zalduondo?

Desde 1739, cuando los vecinos pleitearon contra su alcalde por impedirles celebrar las carnestolendas «de tiempo inmemorial». También se conserva un sermón contra Markitos de 1897.

¿Por qué dejó de celebrarse y cuándo volvió?

La guerra de 1936 interrumpió la tradición durante casi cuarenta años. Se recuperó en 1975 gracias a los vecinos y al trabajo de campo de Blas Arratibel, Martiniano Martínez de Ordoñana y Joaquín Jiménez.

¿Se puede ver algo del carnaval fuera de febrero?

Sí. El museo etnográfico de Zalduondo, en el palacio Lazarraga, dedica parte de su exposición permanente al carnaval rural alavés, con trajes y máscaras de sus personajes. Abre los domingos y festivos por la mañana y conviene confirmar el horario.