
La Llanada Alavesa y los pueblos: en la Llanada Alavesa el paisaje y la naturaleza
Vista desde cualquiera de las sierras que la rodean, la Llanada Alavesa se explica en una sola imagen: una amplia cubeta llana, de tonos ocres y verdes según la estación, tendida en el noreste de Álava entre montañas que la cierran por casi todos sus costados. Es la mayor unidad de relieve llano del territorio, y también la más habitada y trabajada: sobre ella se asientan Vitoria-Gasteiz, Agurain/Salvatierra y decenas de pueblos que viven, desde hace siglos, del cultivo de sus tierras. En la Llanada Alavesa el paisaje y la naturaleza son inseparables del trabajo agrícola que los ha modelado.
Comprender la Llanada Alavesa y los pueblos que la habitan exige mirar primero a lo que la enmarca, porque su identidad geográfica nace precisamente de estar rodeada de sierra por todos los lados: es una comarca definida tanto por lo que es (terreno llano) como por lo que la limita.
Una cubeta cerrada por sierras
Al norte, la Llanada topa con la divisoria de aguas cantábrico-mediterránea, formada por las sierras de Elgea, Urkilla y Altzania, que separan las cuencas que vierten al Cantábrico de las que drenan hacia el Ebro. Al sur se levantan las Sierras Centrales de Álava y los Montes de Vitoria, un cordal más modesto en altura pero determinante en el paisaje cotidiano de la capital alavesa y su entorno.
Hacia el este, ya en el ámbito más cercano a Agurain/Salvatierra, la Llanada se topa con la Sierra de Entzia, una meseta caliza que se alza con brusquedad entre la propia Llanada y el valle navarro de Arana, y que continúa hacia el este con los relieves de la Sierra de Urbasa. Entzia es terreno de karst: sobre sus calizas y dolomías se han formado grietas, lapiaces y dolinas, el mismo tipo de modelado que caracteriza otras sierras calizas del entorno vasco-navarro. Muy cerca, los Montes de Iturrieta (a los que se llega desde el puerto de Opakua) esconden en su meseta los núcleos de Róitegui y Onraita, los asentamientos más elevados de toda la geografía alavesa.
El Zadorra, la arteria de la llanada
Por el centro de esta cubeta discurre el río Zadorra, el curso de agua que drena la Llanada Alavesa y que, aguas abajo, se convierte en el principal afluente alavés del Ebro. Su nacimiento se sitúa en un paraje humilde pero significativo: una pequeña fuente a los pies de Peña Roja, cerca de los pueblos de Munain y Okariz, en la puerta misma de la Sierra de Entzia. Ese punto de origen, hoy señalizado por una ruta verde, resume bien la relación entre montaña y llanura que define toda la comarca: el agua nace en la sierra y baja a regar la vega.
El Zadorra y sus afluentes menores han hecho posible, durante generaciones, el regadío de buena parte de las tierras de cultivo de la Llanada, y su recorrido atraviesa tanto el entorno rural de los pueblos como el extremo oriental de Vitoria-Gasteiz, donde forma parte del sistema de humedales y bosques del Anillo Verde de la ciudad.
En la Llanada Alavesa el paisaje y la naturaleza comparten espacio
La altitud media de la Llanada Alavesa ronda los 500-600 metros, y ese terreno llano y de suelos fértiles ha sido, desde la Edad Media, el factor que ha convertido a la comarca en despensa agrícola. Hoy los cultivos dominantes son el cereal, la patata (con la variedad Pinta Alavesa, distinguida con etiqueta de calidad), la remolacha azucarera, el girasol y las hortalizas de verano, junto con una cabaña ganadera de ovino de razas churra y merina y una producción porcina y avícola más industrializada.
Pero el paisaje agrícola no es un mar uniforme de cultivo: salpicando la Llanada aparecen los llamados robledales isla, pequeños fragmentos de bosque (trece núcleos que suman unas 280 hectáreas, protegidos como Zona Especial de Conservación de la red Natura 2000) dominados por el roble pedunculado y acompañados de quejigo, marojo, fresno y arce. Son restos de la vegetación original de la Llanada antes de la roturación agrícola, y funcionan hoy como refugios y corredores de fauna en medio de un territorio muy transformado por el cultivo. En la Llanada Alavesa el paisaje y la naturaleza protegida ocupan, por tanto, el mismo mapa: cultivo y robledal, uno junto al otro.
La Llanada Alavesa y los pueblos que la trabajan
A diferencia de otras comarcas vascas de relieve más abrupto, la Llanada Alavesa y los pueblos de la llanura forman, ante todo, un paisaje humanizado: su horizonte llano ha facilitado desde antiguo las comunicaciones, y por ella han pasado calzadas, caminos de postas y, más tarde, carreteras y vías férreas que unían la Meseta con la cornisa cantábrica. Agurain/Salvatierra, asentada justo donde los montes del este ceden paso a la llanura abierta, ha sido históricamente uno de esos puntos de charnela entre la sierra y el llano.
Esa combinación de geografía cerrada por sierras y suelo abierto al cultivo es, en definitiva, lo que da a la Llanada Alavesa su carácter: un territorio de horizontes amplios, de agricultura visible en cada estación del año, y de montañas (Entzia, Iturrieta, Elgea, los Montes de Vitoria) que están siempre a la vista, aunque casi nunca se pisen desde el centro mismo de la llanura. Por eso en la Llanada Alavesa el paisaje y la naturaleza se leen siempre a la vez: la sierra al fondo, el cultivo delante.
Fuentes
- Auñamendi Eusko Entziklopedia, «Álava-Araba. Geografía» (Eusko Ikaskuntza): la Llanada como llanura amplia encajada entre las sierras que compartimentan el relieve alavés.
- Gobierno Vasco, designación como ZEC de los Robledales Isla de la Llanada Alavesa (ES2110013): los trece fragmentos de robledal y su superficie protegida dentro de la red Natura 2000.
- Cuadrilla de la Llanada Alavesa, ficha del ZEC Robledales Isla: los bosquetes de roble pedunculado como testimonio de la vegetación anterior a la roturación agrícola.
- Turismo Euskadi, Sierra de Entzia: la meseta caliza que cierra la Llanada por el este, su modelado kárstico y su continuidad con la sierra de Urbasa.


