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La Comarca

Patrimonio

La Llanada ha sido históricamente una tierra de paso, una encrucijada de caminos. Desde la más remota antigüedad diversas gentes han cruzado esta tierra de norte a sur y de este a oeste. Ello no quiere decir que sus habitantes hayan visto diluida su personalidad común por ese tránsito de gentes, por el contrario, el contacto con otras realidades humanas ha servido para fortalecerla, adoptando aquello que de bueno aportaban los elementos foráneos.

La identidad de los habitantes de la Llanada se refleja en su patrimonio. Existe una continuidad desde los tiempos de los pastores neolíticos a la actualidad, que materialmente va desde los monumentos megalíticos a los edificios actuales. De la transición entre la antigüedad y la alta edad media no tenemos más que vestigios arqueológicos, que poco a poco confirman la continuidad entre la población vascorromana y la posterior vasconavarra, en una evolución común al conjunto de Vasconia. El poblamiento durante ese amplio periodo siguió siendo el de pequeñas “villas” al modo tardorromano, que fueron convirtiéndose en aldeas gobernadas por un señor. Estos núcleos de población estaban constituidos por edificaciones sencillas, construidas básicamente en madera, que se ubicaban alrededor de una pequeña iglesia. Paulatinamente estos pequeños templos fueron sustituidos por otros mayores, en cuya construcción se empleaba fundamentalmente la piedra, ya en las épocas de prosperidad, que fueron el siglo XIII, tras la fundación de Salvatierra sobre Hagurahin, y el XVI, tras la recuperación del realengo en Salvatierra y el descubrimiento de América, cuyos beneficios también llegaron a la Llanada. Debido a esos procesos, los primitivos templos románicos fueron sustituidos por otros protogóticos, en la primera fase, y tardogóticos en el XVI, conservando eso sí en muchos casos, portadas, ventanales y pilas bautismales románicas.

De esa manera, podemos admirar en la Llanada pequeños templos prerrománicos, como el de San Julián y Santa Basilisa de Aistra, e iglesias románicas también de reducidas dimensiones, pero sobre todo iglesias góticas con elementos románicos reaprovechados, hasta llegar a los magníficos templos tardogóticos, ya con elementos renacentistas, de Salvatierra. Algunas de estas iglesias, como las de Gazeo, Alaitza y Añua, entre otras, conservan aún las pinturas con las que fueron decorados sus muros, una costumbre arraigada en la Llanada, que perduró en el tiempo.

En la arquitectura civil destacan las casas señoriales, que van desde simples casa hidalgas blasonadas, a espléndidos palacios, algunos en ruinas como el de los Gebara, pero otros aún habitados, como las casas Begoña y Azkarraga de Agurain. Sin olvidar la arquitectura militar, con las murallas de Salvatierra y el castillo de Gebara.

Fotografía: Iglesia de Santa María de Ayala

Iglesia de Santa María de Ayala

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