Cuadrilla de Salvatierra - Aguraingo Eskualdea

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Turismo y Patrimonio

Historia

Baja Edad Media

Fue ésta una época dura para la Llanada, que sin embargo había empezado con buenos auspicios, con un crecimiento económico favorecido por la sempiterna condición de la Llanada como lugar de paso, y la voluntaria entrega en 1332 de sus derechos jurisdiccionales al rey por parte de los señores alaveses, quienes de pequeños nobles rurales que cobraban tributos y administraban justicia en sus exiguos señoríos, pasaron a ser mercaderes y a cobrar rentas. En 1337, el rey Alfonso XI funda la villa de Alegría, junto a la antigua aldea de Dulantzi, y la de Elburgo. Es época de prosperidad. Por los caminos de la Llanada transitan comerciantes y peregrinos a Compostela.

Pero los buenos tiempos duran poco. A mediados del siglo XIV, llega la peste a la Llanada, poco después Europa se sumerge en la Guerra de los Cien Años, inicialmente entre Inglaterra y Francia, pero que aquí se complica por la guerra entre el rey de Castilla Pedro I y su hermano bastardo Enrique de Trastámara, que le disputará el trono. Los ingleses, que están en posesión de la Gascuña, apoyan a Pedro I, mientras que los franceses hacen lo propio con el Trastámara. El rey de Navarra, Carlos II, se alía con Pedro I a condición de que le sean devueltos los territorios arrebatados en 1200. Entre ellos la Llanada, que vuelve a formar parte de Navarra en 1367. Previamente, en 1351, el señor de Gebara, Beltrán Vélez de Gebara, ya se había proclamado vasallo del rey de Navarra. La guerra se enseñorea de estas tierras. Al final, en 1369, Enrique de Trastámara vence y en 1371 se vuelve a hacer con los territorios vascos que Navarra había logrado recuperar.

El nuevo rey, Enrique II, para mantenerse en el trono cede poder a los nobles, que acaban enfrentándose entre ellos. Salvatierra pasa a ser señorío de los Ayala. La guerra de bandos, oñazinos contra ganboínos, se apodera del país. Muchas aldeas se despueblan. Las hostilidades no cesarán hasta 1487, cuando los Reyes Católicos rompan el equilibrio al colocar todas las villas bajo su poder. El fuero pasa así de ser un asunto entre los nobles, los parientes mayores, y la corona, para constituirse en un sistema de gobierno de las villas, que se agrupan en las Juntas de cada territorio.

Fotografía: Palacio y castillo de Gebara

Palacio y castillo de Gebara